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 Título: “Entre Amigos y Silencios”


Había una vez dos almas que se entrelazaban en la universidad: él y ella. Compartían risas, secretos y tardes interminables en la cafetería del campus. Él, con su sonrisa tímida y ojos sinceros, se había enamorado en silencio de su amiga. Pero ella, ajena a sus sentimientos, seguía buscando el amor en otros lugares.

Él llevaba su amor como un tesoro escondido. Observaba a ella desde la distancia, admirando su cabello alborotado y su risa contagiosa. Cada vez que ella entraba a la cafetería, su corazón latía con fuerza. Pero no se atrevía a confesar sus sentimientos; temía que su amistad se desmoronara como un castillo de naipes.

Un día, bajo la sombra de un antiguo roble, él decidió romper el silencio. “Necesito decirte algo”, susurró, nervioso. Ella lo miró con curiosidad. “¿Qué pasa?”.

Las palabras se atascaron en su garganta, pero finalmente las soltó: “Estoy enamorado de ti”. El mundo pareció detenerse. Ella parpadeó, confundida. “Eres mi mejor amigo. No quiero arruinar nuestra amistad”.

Él asintió, sintiendo cómo su corazón se rompía en mil pedazos. Decidió alejarse, para no ilusionarse más. Pero cada vez que veía a ella, su pecho ardía con una mezcla de dolor y anhelo. Se cruzaban en los pasillos, compartían miradas cómplices y evitaban hablar del tema.

Ella también luchaba contra sus sentimientos. Él era su confidente, su refugio seguro. Pero algo había cambiado. Las risas ya no eran tan espontáneas, y los silencios se volvían incómodos.

Una noche, en la azotea de un edificio abandonado, ella encontró a él mirando las estrellas. “¿Por qué te alejaste?”, preguntó. Él suspiró. “Porque no quiero verte sufrir. Pero no puedo evitar amarte”.

Ella se acercó y tomó su mano. “También siento algo por ti. Pero tengo miedo. ¿Y si arruinamos todo?”. Él la miró con ternura. “Quizás el amor es un riesgo que vale la pena tomar”.

Así comenzaron a explorar su relación, con miedo pero también con esperanza. Sin embargo, los fantasmas del pasado seguían acechándolos. Ella recordaba a sus exnovios, y él temía que ella se arrepintiera.

Un día, en la misma cafetería donde habían compartido tantas risas, ella tomó una decisión. “No quiero alejarme. Quiero intentarlo”. Él sonrió, y sus labios se encontraron en un beso lleno de promesas.

Pero el destino es caprichoso. Una noche, ella recibió una oferta de trabajo en el extranjero. “Es una oportunidad única”, le dijo a él. “Debo irme”. Él la abrazó, sintiendo cómo el desamor se apoderaba de su corazón.

Ella partió, dejando atrás a él y su amor inacabado. Las cartas se cruzaron en el Atlántico, pero las palabras no podían llenar el vacío. Él se refugió en la música y las estrellas, esperando que algún día, en algún rincón del mundo, el destino los volviera a unir.


Fin.
Bluefish

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  Carta a un amor fatigado por la lucha, los desencuentros y la mala suerte. Mucho hace por mi cuando se asoma y a veces más cuando está lejos Vivo al borde de lo suyo aunque destroza. Claro está, en esta manía presurosa de jugar al escondite que ni usted está lista pa'l futuro, ni yo para arriesgarme. Los besos de hotel que aquella vez no pudo darme. Es que este amor del todo intermitente sabe a risas enlatadas y a lágrimas de otros. Poco queda hacer por el presente si el pasado ha sido en vano y el futuro un sueño muerto. Ni usted tiene el corazón abierto, ni yo el alma organizada. Tire al cielo sus venganzas, ponga un beso donde quiera, y suene al borde del delirio, que vendrán lágrimas colirio para quitar el rojo de sus labios impregnado en la memoria y en alguna que otra parte. Besos. Ricardo.